martes, 28 de abril de 2009

Parte II

Envidia.
Resulta irónico resaltar, a través de la envidia, las cualidades humanas de abstracción, racionalidad, fuerza y capacidad física y mental; pues de esto resulta la diferencia que ha sido creada en la sociedad en la que nos encontramos, una sociedad que crea estímulos, premios y recompensas para el esfuerzo individual. Con esto, no pretendo decir que los esfuerzos individuales no deben ser premiados, pues ese es precisamente uno de los problemas que ha encontrado el comunismo en nuestra sociedad, no estamos dispuestos a dar nada a nuestros compañeros de planeta sin obtener algo a cambio. Aquí, es precisamente donde la envidia ha encontrado en el humano un medio de desarrollo fértil. Envidiamos posiciones de poder, estilos de vida, dinero, posesiones, autos e incluso mujeres – vistas, en la modernidad, e incluso desde hace mucho tiempo, como objetos. La envidia ha transgredido al ser humano, dándole las bases para que pueda desarrollar su individualidad, misma individualidad que es fácilmente destruida.
En la sociedad en la que nos encontramos, el individualismo es lo que se premia, pero, paradójicamente se premia con la serie[1]. Es decir, se premia el individualismo a través de cosas hechas en serie por y para la masa. Pongamos como ejemplo a los obreros contemporáneos. Se les premia su esfuerzo individual, con premios de puntualidad, bonos y gratificaciones cada año. Con que fin? Que puedan seguir gastando en los productos que otros de sus colegas construyen en serie. Es decir, comprar casas de interés social, autos hechos en máquinas en 10 minutos. Así, el obrero alcanza un nivel de vida “satisfactorio”, cuando le alcanza para poder comprar una vida “digna”. Cuando puede satisfacer sus más esenciales necesidades: comida y vestido.
Pero se vuelve un consumidor, cuando una vez que ha alcanzado a cubrir dichas necesidades básicas, su esfuerzo, convertido en dinero, es convertido en bienes consumibles: automóviles, televisiones, estéreos, música, libreros (dónde rara vez hay libros), etc.
El individualismo premiado, se retribuye a través de incentivos creados para todos. Ganas dinero, mucho dinero, en que lo empleas? En buscar más dinero. De esta forma el capital se mueve y se crea el movimiento del capital, ya no sólo de mercancías de bienes y/o servicios, sino el movimiento del capital (dinero), moviendo así la máquina del capitalismo[2].



Pereza.
La pereza se manifiesta de manera más marcada en la sociedad Latino americana, sociedad, en la que nos encontramos en la cultura de la fiesta y del “relajo”.
En nuestras sociedades, no es importante el trabajo capitalista, ni venderle nuestra alma a las empresas trasnacionales, pero no porque se tenga una cultura avanzada y porque se entienda el mal que hacen a la humanidad, sino por la simple pereza de trabajar.
Ya decía Lenin en su obra titulada “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, que el comunismo no necesita de intelectualoides que estén ahí sólo para enunciar las trampas y los “pecados” de los trusts y los carteles, sino para instruir a la masa popular al cambio. Pero, dicho cambio se tiene que construir en base a trabajo para modificar las cosas, pues es ley natural de la vida y lo ha sido siempre, que el que no trabaje no coma. Que el que no construya no viva. Que el que no piense, sea tonto.
Nuestros pueblos Latinoamericanos, han caído en una paradójica mentira. Cómo es esto? Repudiamos al capitalismo e imperialismo yanqui, pero no hacemos ni trabajamos en nada para cambiarlo, pues preferimos ganar los satisfactores suficientes para poder llegar al fin de semana y emborracharnos, irnos de fiesta y divertirnos olvidándonos de lo verdaderamente importante, el cambio de la sociedad.
Ya lo decía Krishnamurti, filósofo hindú, educado en escuelas inglesas[3], que los premios que alcanzará la sociedad que trabaje para quitarse de encima el poderío económico de algunas empresas y países, será el regocijo del ser. Es decir, la paz entera, la diversión y el descanso. Pero cómo y cuándo? Cuando alcancemos a superar los modos de producción actuales y dejemos de guiarnos por el poder que da el dinero.
Para Krishnamurti, es necesario crear en los individuos una cultura radicalmente diferente a la que hoy en día tenemos, decía él: “No enseñar a saludar ni respetar la bandera porque el nacionalismo es factor de guerra[4]”, así es cómo Krishnamurti ve las naciones, sólo como límites fronterizos creados para separar, dividir y vencer.
Así pues, al autor de Educación, democracia y multiculturalismo, nos refiere lo siguiente:
En definitiva, si hay ocio hay libertad, dado que el ocio presupone una mente quieta, relajada, con ausencia total de motivos y de dirección u objetivos, sólo así puede florecer la libertad y la bondad, y únicamente en estado de mente desocupada se puede aprehender, máxime si se da en un ambiente de sanas relaciones y en una atmósfera de afecto y tranquilidad[5].
Sin embargo, dicho objetivo se encuentra completamente alejado de nuestros sistemas actuales de gobierno y sociedad, ya que lo más importante es producir y consumir. Crear y destruir. Pero sólo crear dentro de los parámetros preestablecidos por el sistema de producción. Así, “no debemos de confundir la modernidad, con el modo meramente capitalista de modernización”[6]. Sólo se puede producir lo que se puede vender en masa, por ello, sólo se puede crear lo benéfico para el sistema de producción capitalista.

Gula.
La lujuria, la avaricia y la gula, son pecados de exceso, pecados creados ex profeso para sembrar en el hombre todos los males llevados al extremo.
La gula, como exceso en el número de alimentos que se comen, resulta altamente paradójica en un mundo que se muere de hambre. Un mundo lleno de miseria. Un mundo latinoamericano que deja en sus masas populares los rezagos de “dos siglos de industrialización y modernización”. Hambre que se ve reflejada en cada uno de los estados – nación de la América del Sur, del Centro y del Norte (pero en el Norte, no sólo México, pues hay marcados índices de pobreza en los Estados Unidos de Norteamérica, aunque, por supuesto, no tan marcada como en la América Latina).
Pareciera que la modernización sólo ha alcanzado a los países situados en el hemisferio norte occidental de nuestro planeta, pues ni Rusia, ni China, ni la India han alcanzado a sufragar los riesgos que conllevan el tener poblaciones tan grandes y con diferencias sociales tan marcadas. Así también, en toda África y el Medio Oriente.
La gula, es acentuada como el exceso de ingesta del individuo, pero la ingesta viene del exceso en la producción y el tráfico, de la riqueza de un grupo de individuos. En efecto, hay excesos en la producción en la mayoría de los países del orbe. Sin embargo, no es suficiente para alimentar a todo el planeta, pues no a todos les interesa compartir, pues, es fruto del trabajo de cada nación y ninguna nación dará algo gratis a otra, simplemente porque son países amigos y hermanos como muchas veces se han considerado entre ellos.
La gula, no puede ser un pecado dentro de los países latinos en la ingesta de alimentos, pero si en el hambre de poder, de robo, de usurpación de hacer revoluciones sólo para cambiar de amos y nunca para cambiar a un régimen de democracia pura, no a un régimen de democracia capitalista.

[1] Alain Touraine. Crítica de la modernidad.
[2] V. I. Lenin. Carlos Marx, breve esbozo biográfico, con una exposición del marxismo.
[3] Joan M. Colom. op. Cit.
[4] Ídem., pág. 141.
[5] Ídem pás. 144.
[6] Alain Touraine, op. cit., pág. 203.

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¿No ha observado usted que la profesión de déspota es mas fácil que la de medico o la de abogado? Primer año: ciclo de promesas, sonrisas y cortesías para los electores; segundo año: liquidación de viejas amistades para evitar que con su presencia recuerden el pasado, y creación de un Supremo Consejo de Lambiscones; tercer año: curso completo de egolatría y megalomanía; cuarto y ultimo año: preponderancia de la opinión personal y arbitrariedades a toda orquesta. A los cuatro años el titulo comienza a hacerse odioso, sin que universidad alguna ose revalidarlo.