viernes, 4 de septiembre de 2009

Cuando dejamos de ser revolucionarios....

Cuando dejamos de ser revolucionarios no intenta ser una pregunta, sino el comienzo de un pensamiento.
Cuando dejamos de ser revolucionarios, comenzamos a hablar de como la compañía en la que trabajamos comprara a otra para poder hacerse más fuerte tener el control completo sobre algún mercado.
Nos sentimos orgullosos por ser parte de dicha empresa. Nos sentimos orgullosos de trabajar en una empresa que es visionaria, de sr parte de una empresa que ve más allá de las necesidades de los clientes y ve en los intereses de sus empleados el gran beneficio.

Claro que los dueños de esas empresas no piensan en darle los mejores beneficios a los trabajadores de estas nuevas empresas, probablemente muchos sean despedidos en el afán de reducir costos y aumentar las ganancias. Así, su propia gente, sus trabajadores, podrán formar parte de una empresa más poderosa, que les otorgue mejores concesiones y mayores salarios.
Así, compramos a más ahijados, de esa manera ganamos más adeptos, pues después de todo el capitalismo es sólo el monstruo que come humanos el día de hoy, antes fue el feudalismo con su cómplice la iglesia - para mayores referencias recordar la Edad Media -, así, de esa forma, nos ganamos a esos trabajadores que se sienten felices de ser parte de una empresa ganadora, no importando que los obreros hermanos de otra empresa sean despedidos, sean reducidos en sus filas o sean reducidos en sus salarios. Qué importa! Mientras no sea mi familia, mis posesiones, mis amigos.

De eso se trata la sociedad actual, de competir para dividir, de dividir para vencer.
Mientras no haya unidad no habrá un verdadero contrapeso contra los poderes establecidos.
Constantemente escucho que Marx se equivocó. Que Marx ponderaba por que en todos los países habría un partido socialista. Y es casi siempre cierto, sólo que su tesis se ve parada frente a los Estados Unidos de Norteamérica. Aunque sus defensores alegan que la excepción hace la regla.
Yo creo que va por otro lado.

En el vecino país del norte, a menudo vemos marchas, protestas, peticiones al sistema de gobierno los cuales parecen darles migajas para mantenerlos contentos, pero se organizan, salen a gritar, salen a pedir y a exigir. después de todo sólo de eso se trata un programa social. Se trata de que escuchen al pueblo, pero sobre todo, de la llamada quinta libertad - Para esto podrían leer, el libro "La quinta libertad", de Noam Chomsky -, la cual sólo se trata de llevar las cuatro libertades
básicas de los estadounidenses, destacando el derecho a la felicidad encuadrada en la Constitución hecha en el Siglo XVIII. La quinta libertad, sólo se trata de una cosa, la posibilidad de explotar a otros.
Y es sólo eso, mientras alguien tenga la oportunidad de explotar a otros no pide más. Lo único que pedimos es la oportunidad de explotar a otros y cuando dichas oportunidades no llegan explotamos. Es cuando gritamos, cuando lloramos, cuando nos sentimos impotentes. Cuando nos volvemos seres que desprecia la sociedad. Cuando vemos en los borrachos, en los mariguanos, en los drogadictos las peores lacras de la sociedad.

Juzgamos a priori, juzgamos sin saber como llegaron ahí, juzgamos sin saber porque es que no tienen una casa, no tienen ganas de vivir más allá.
Juzgamos sin saber que los orillo a ser esas "lacras" de la sociedad.
Decía un señor llamado César de Beccaria, allá por el siglo XVI, que la pena engendra el crimen y tenía razón. Mientras no sea delito ser drogadicto no será perseguido, mientras no sea delito fumar no tendremos pena por hacerlo alrededor de otras personas. Pero fumar mariguana es delito, así que engendra un delito la pena que le imponemos como sociedad.

Tal vez sea hora de que empecemos a ver a la sociedad más allá de nuestros celulares, de las tonterías que vemos en la televisión, de la pornografía en internet, de las borracheras de fines de semana. Será tiempo de sentarnos frente a la ventana, pensar, platicar con nosotros, intentar escucharnos por un momento, darnos un segundo para darnos cuenta donde estamos.

Date tiempo para leer un libro, para caminar, para pasear con tus amigos, para escucharlos, para saber que piensan, para dejar que el ruido que tenemos en la cabeza se extinga y nos demos cuenta de donde estamos parados.
Cuando dejamos de ser revolucionarios dejamos de tener aquellos sueños de infancia, aquellos sueños de querer ayudar a la gente, de querer ser bomberos, de querer ser policías, de ayudar al prójimo. Al crecer y entrar en el sistema económico que nos rodea dejamos de pensar en los demás y nos fijamos sólo en lo que es importante para nosotros, nos aislamos, nos alejamos, nos separamos de lo importante.
Cuando dejamos de ser revolucionarios, perdemos simpatía, perdemos inocencia, perdemos carisma, perdemos sentido de la vida.

Ser revolucionario no es ser guerrilero y querer salir a hacer la "Guerra de guerrilas", aunque la necesidad de una revolución armada es cada día más latente.
Yo pugno por otro tipo de revolución. Compra lo necesario, viste lo necesario, no la marca, come lo delicioso, no la marca. Lee un libro, no esperes sólo a la película.
Pero, una vez más, eso es decisión propia, esta es sól una voz que intenta ser escuchada por una persona más, si al menos una persona logra escuchar este mensaje, me daré por servido.

Hasta la siguiente entrega.